Más competencia para Colau

Una agrupación de electores liderada por el abogado Daniel Vosseler también quiere echar a la alcaldesa

El abogado Daniel Vosseler ha presentado este jueves su candidatura a la alcaldía de Barcelona bajo el paraguas de la plataforma Barcelona como tú. Se trata de una agrupación de electores -integrada por 500 profesionales de diferentes sectores- que se define como “apartidista” y “transversal” que “quiere poner Barcelona a funcionar a pleno rendimiento”, ha explicado Vossoler.

El alcaldable ha asegurado que “somos la oposición a Ada Colau”, tras reprochar a los partidos tradicionales que “no se pongan de acuerdo para echar a una alcaldesa sin mayoría absoluta”. “Tenemos que echar a un gobierno que ha fracasado y recuperar la ciudad”, ha remachado el líder de Barcelona como tú. Vossoler ha insistido en que no son de derechas ni de izquierdas, sino que quieren "enderezar" una ciudad derovada por "la ideología y por el interés partidista".

Vosseler ha hecho un llamamiento a trabajar para que vuelva el “romanticismo” en Barcelona, frente a los “desequilibrios” creados la gestión de Colau. El candidato a la alcaldía ha manifestado que los tres pilares de su proyecto de ciudad son: “un trabajo, una vivienda y medio ambiente, tres pilares que deben ir acompañados de la plena seguridad”.

Vosseler se ha comprometido a construir más vivienda social, reducir el precio del transporte público y combatir la inseguridad para construir una Barcelona “libre de delitos”. El candidato ha rehuido del debate independentista porque ahora “hay que poner en marcha y en orden Barcelona”.

La presentación de Barcelona como tú se ha celebrado en el casino La Alianza del Poblenou, con la asistencia de unas 800 personas, y donde se han combinado actuaciones musicales con parlamentos de diferentes profesionales o miembros de la plataforma que han expuesto los proyectos que la ciudad necesita abordar, como la mejora de la vivienda, combatir la seguridad o proteger el pequeño comercio.

 


Un trabajo para funcionar

Un trabajo para funcionar, una casa donde vivir y aire limpio que respirar. Estas tres premisas serían, posiblemente, denominador común entre todos los mortales. Obviamente, el hombre medio coincidiría en otras tales como sanidad, educación, seguridad, pero en este momento quiero centrarme en el que considero el más nombrado: el trabajo.

El empleo es considerado como eje primario para poder conducir una vida dentro de los límites de la normalidad. Un trabajo te hace sentir útil, productivo, que formas parte de algo más importante que tú mismo, desarrolla y optimiza tus capacidades (o eso debería ser), te hace conocer tus limitaciones (lo cual debería hacerte más poderoso); es tu esfuerzo individual el que contribuye a hacer más próspera la actividad productiva de una sociedad, lo cual incrementa ese sentimiento de pertenencia a algo, a alguien o algún lugar tan presente y deseado en la condición humana. Un trabajo siempre debe ser digno, y esa dignidad solo puede venir expresada, a mi entender, por tres factores: el sueldo, el horario y las medidas de seguridad. Si estas tres premisas se dan en tu vida de la forma que esperas seguro que entiendes que tu trabajo es un “trabajo digno”. Si no sólo se da lo anterior sino que, además, tienes un “sueldazo” con horario libre y te mueves en el paraíso, entonces no tienes un trabajo digno, entonces ¡eres un afortunado!

No obstante, también existe la realidad inversa: el paro. No tener trabajo y/o no poder encontrarlo nos sitúa en uno de los peores escenarios posibles: estrés, ansiedad, sensación de fracaso, exclusión, incomprensión, miedo a no poder afrontar las necesidades económicas, tanto las propias como las de quienes dependen de ti. En definitiva, es un “dramón” que lleva en muchas ocasiones a caer en depresión y, en algunos casos extremos, al suicidio.

El paro es el cáncer social que ha llevado a nuestra sociedad al fracaso económico más radical de la era moderna y al peor endeudamiento que ha sufrido nunca nuestro país. Hablamos ya de deuda perpetua, lo que significa que cuando tenemos un hijo, éste tiene hipotecado su futuro. Y no solo eso, el paro también es causante de uno de los mayores problemas sociales que ya advertía años atrás y que lamentablemente ha eclosionado en la actualidad: la insostenibilidad de las pensiones.

Las pensiones en los últimos tiempos están siendo sometidas a continuas revisiones que no son más que la antesala de importantes recortes. Y es una evidencia que si no hubiera desempleo no habría ningún recorte a corto ni medio plazo. NINGUNO.

Merecen ser destacados también dos efectos colaterales del paro. El primero es la huida masiva de nuestros jóvenes, quienes desolados con tan precario escenario, han tenido que marchar a otros países para poder edificar una vida, simplemente eso, una vida. El segundo, el paupérrimo dato de la natalidad. Si no hay trabajo, difícilmente las personas pueden apostar por la filiación. Además, quienes finalmente optan por tener un hijo ven frustradas sus expectativas de vida con horarios laborales difícilmente conciliables con la vida familiar. Hay que tener en cuenta las previsiones de que en los próximos diez años veremos aumentada notablemente la población de personas con más de 65 años, un verdadero “marronazo” que ataca directamente a la sostenibilidad del sistema de pensiones. Por ello, debemos corregir tan severos desequilibrios a velocidad de crucero, o de lo contrario vamos a vivir graves episodios de tensión e inseguridad económica y social, cuyos primeros ejemplos se están reproduciendo en miles y miles de personas que subsisten en el umbral de la pobreza.

Por todo ello, y más allá de cualquier consideración política, hay algo que debe presidir el mandato de todo gobernante: los datos en la creación de empleo efectivo. No me vale el dato positivo por pérdida de población activa (por salida del mercado de trabajo o jubilación) sino el coeficiente real de trabajo creado (nuevos puestos de trabajo). Y aquí es donde me gustaría que pensionista y titulares de una prestación pública pusieran especial atención. Cuando vean que alguien crea trabajo digno, deben pensar que ese SÍ es un verdadero héroe, un patriota (si es que aún podemos usar esta palabra para describir a aquellos que realizan proezas en beneficio de todos), porque con su acción atacan directamente al cáncer social que padecemos.

Entre todos debemos ser un poco más tolerantes con aquello que hace crecer el empleo en nuestro país, en nuestra población, en nuestro barrio o en nuestra propia finca, aunque ello suponga una leve alteración en la vida que habíamos llevado hasta entonces, porque, esté bien seguro, que de la creación de esos empleos usted se verá de algún modo beneficiado. De ahí, por ejemplo, mi brutal critica, entre otras, a la superilla del Poble Nou: una estructura promovida por el gobierno Colau que, lejos de promover una mejora de condiciones que permitan un mejor desarrollo económico que lleve a la creación de puestos de trabajo, es una medida contraria al interés popular y que atenta gravemente al comercio municipal y de barrio. A eso le denomino políticas implícitas de destrucción de empleo y que se erigen como el mayor atentado social, posible precisamente por el impacto nocivo que ataca frontalmente a la sostenibilidad del sistema.

Volvamos a los intereses y necesidades reales de las personas: sólo así podremos plantar cara al desempleo y tener alguna posibilidad de salirnos de esta maldita encrucijada donde nos hemos metido entre todos.

Daniel Vosseler


seguretat treball

De la seguridad a la vulnerabilidad en el puesto de trabajo

Carlos es barcelonés, tiene 48 años y una buena experiencia laboral; desde hace ocho años trabaja en la misma compañía. En estos años, no sin esfuerzo y sacrificio personal, ha conseguido el equilibrio familiar que buscaba.

Sin embargo Carlos está preocupado. Muy preocupado. El lunes va a tener una reunión con su superior en la empresa. Es la última reunión. Los socios europeos han comprado la mayoría del capital hace pocos meses y el puesto de Carlos se ha “reestructurado”.

Carlos, con 48 años, tendrá que buscar un nuevo trabajo.

Cada día más la dinámica de Carlos o similares es un hecho habitual en la vida de los barceloneses a cualquier edad.

La pregunta es ¿qué ha cambiado? El modelo clásico de una empresa para toda la vida ya no funciona y se ha producido un cambio de paradigma en relación con la seguridad en el puesto de trabajo. Mientras que en el modelo de antes se tenía asumida la idea de estabilidad en el puesto de trabajo, en un nuevo orden globalizado, la inercia de una empresa no es garantía de estabilidad futura. La estructura de una empresa, en una necesidad vital de adaptarse a entornos cambiantes, tiende a la flexibilidad como cultura de supervivencia y al cambio permanente como estrategia de innovación para generar el valor añadido que le exige el mercado.

Y en esta situación de evolución constante nada es fijo y permanente dentro de la empresa, nadie es imprescindible, el ciclo vital de la vida laboral ya no se hace siempre dentro de la misma empresa y un cambio estructural de puesto de trabajo o de empresa conduce en no pocas ocasiones a una confrontación o dilema entre trabajo profesional y familia, entre tipo de empresa y nivel profesional o, entre los más jóvenes, entre calidad de vida y sacrificio-seguridad profesional.

Es indudable que el impacto de esta situación crea una nueva psicología  de la persona de empresa, que obliga a un cambio de mentalidad para el que hay que estar preparado.

Es necesario un nuevo orden donde los instrumentos sociales y la vocación de formación permanente permitan afrontar estos cambios como una oportunidad y no tanto como una quiebra del orden laboral o familiar.

La dinámica de las empresas nos dice que si se asumen niveles de riesgo superiores se espera una rentabilidad más elevada y probablemente el mundo de la empresa deberá de cuantificar estos escenarios de cambio reequilibrando un evento que de posible va a convertirse en normal. De lo contrario la empresa puede salir perjudicada no sólo para retener los buenos profesionales, sino también por la imagen que se proyecte o pueda tener a nivel externo cuando trate de incorporar a nuevos trabajadores.

Cada vez más las personas, cuanto mayor sea el nivel de responsabilidad que deban asumir, mayor será el énfasis en valorar el factor de estabilidad frente a incentivos de otro tipo. Las empresas con una imagen de inestabilidad o de continuos cambios, sin posibilidad de desarrollar una vida laboral consolidada, no serán las elegidas por los jóvenes con potencial y deseos de crecimiento profesional.

¿Pero, existe sensibilidad de nuestra sociedad ante esta dinámica?

En la realidad vemos como el final de un empleo en muchas ocasiones es percibido como un elemento totalmente negativo y como un fracaso.

No existe la necesaria evolución de la idea de una empresa que garantiza el empleo a un territorio como el nuestro, que garantiza el trabajo.

No existen observatorios adecuados que vayan orientando y divulgando los cambios de necesidades que se generan en nuestro entorno económico y empresarial.

No hay una voluntad de inculcar una actitud positiva y una necesidad de actualizar la formación que prepare una mentalidad fuerte para el cambio.

Si estos escenarios no se normalizan suficientemente veremos un escoramiento de la persona de empresa a planteamientos totalmente mercantilistas donde la “lealtad” a la empresa será un valor en decadencia.Y el círculo virtuoso se romperá. ¿Para qué hacer planteamientos de futuro?. Lo que cuenta es el hoy. ¿Para que entregar mi lealtad al cien por cien, si la empresa el día de mañana puede cambiar de dueño y yo perder mi puesto?

¿Y como se puede innovar si no se confía en el mañana, cuando la innovación es creatividad y si prima el “hoy” frente al “mañana” la creatividad no florece?

Sin innovación no hay valor añadido, ni un futuro de progreso.

Es importante que no se subestime el impacto de este tipo de situaciones si no queremos un capital humano sin el grado de lealtad necesaria para impulsar empresas en entornos altamente cambiantes. El futuro de Barcelona también se juega en ese campo.

Por cierto, Carlos va a hablar con Alberto este fin de semana.

Hace un mes que Alberto dejo la empresa y se ha establecido como autónomo.

¿Es este el futuro que nos espera?

Jordi Roig


De director a directora general

Barcelona se ha caracterizado siempre por ir a la vanguardia del progreso económico, cultural del estado. Uno de los principales bancos de prueba en los que se construye ese progreso es el de la igualdad de género. Actualmente, por fortuna, empieza a darse en nuestro entorno una emergencia creciente de mujeres que alcanzan puestos de alta responsabilidad hasta ahora ocupados mayoritariamente por hombres. Es el caso de la actual decana del Col·legi de l’Advocacia de Barcelona, Maria Eugènia Gay, o de la CEO de Savills Aguirre Newman, Anna Gener.

 Ese cambio, a diferencia de los últimos cuarenta años en los que la evolución del trabajo femenino siempre ha tenido relación con cambios del entorno político, social o económico, en la próxima década la evolución vendrá dada por el cambio en la escala de valores de la sociedad.

 El primer gran salto en esta evolución se produjo a partir de 1964 con el inicio de los sucesivos planes trienales de Desarrollo Económico y Social y se prolongó hasta 1975. En este período aunque España seguía siendo un país autárquico en lo económico y social, estos planes supusieron la puesta en marcha de una economía productiva basada en el pleno empleo, en la que la mano de obra femenina inicia su incorporación social al mundo laboral de la empresa.

 La segunda etapa se inicia a partir de 1975 con la transición democrática y llega en una primera fase hasta 1986 con la incorporación de España a la Comunidad Europea. Este período supuso, junto con la liberalización de las costumbres sociales, la incorporación masiva de las mujeres al mundo laboral. Las mujeres que ocupaban puestos directivos o ejecutivos en empresas, organizaciones o instituciones eran una excepción y los estilos de dirección autoritarios y sistemas de gestión individualizados, junto con la imagen social y familiar que se tenía del papel de la mujer, tampoco facilitaban que esta accediera a puestos de responsabilidad.

 Una segunda fase se inicia en 1986 y llega hasta nuestros días con la definitiva integración de nuestro país en las estructuras económicas y políticas de la Unión Europea y la consolidación de la internacionalización de la economía española. Hasta finales de los ´90 pocas mujeres ocuparon puestos directivos y solían en su caso estar relacionados con las áreas financiera y administrativa de las empresas o con determinado tipo de estudios universitarios en el caso de instituciones.

 En los últimos quince años se inicia un cambio de tendencia y con los nuevos modelos de gestión por competencias, dirección por objetivos, y estilos participativos, las mujeres han empezado a asumir puestos de responsabilidad ejecutiva en organizaciones e instituciones..

Este cambio en los próximos años se acelerará y con la globalización se ha iniciado una tercera etapa en la que progresivamente los puestos de dirección se decidirán en función de las habilidades ejecutivas de las personas.

 Las empresas e instituciones líderes y que tendrán éxito en un sentido amplio, social, económico, laboral, serán aquellas que sepan integrar y mantener equipos multidisciplinares de mujeres y hombres en los que las ¨ habilidades ¨ de gestión sean la clave de acceso a las posiciones de dirección..

 La incorporación de la mujer a puestos directivos en condiciones de igualdad con los hombres supondrá otro cambio que se ha de producir en los próximos años en el entorno laboral interno de las empresas y la sensibilidad de la mujer por conciliar la vida familiar y laboral conducirá a que los horarios sean respetados a medida que acceda a puestos de dirección o responsabilidad ejecutiva.

 Además en los próximos años se producirán cambios muy profundos en la escala de valores sociales y religiosos y en el papel que han de jugar la mujer y el hombre en el campo laboral y familiar. Hoy todavía muchas mujeres han de elegir entre la disyuntiva de familia o empresa, unas han dado prioridad a su carrera profesional, otras han renunciado a la familia en su concepto tradicional, y, en otros casos con un gran esfuerzo y sacrificio personal se mantiene el trabajo en ambas.

 Mientras que antes las mujeres que accedían a puestos directivos se decía que era porque asumían el rol del hombre, hoy y en el futuro las mujeres que tendrán más éxito profesional serán aquellas que sean ellas mismas y así sucede con las que en la actualidad han llegado a la dirección general de  empresas o instituciones.

 Por su parte los hombres si quieren competir han de asumir un nuevo rol distinto al que hasta ahora han desempeñado, en el futuro también tendrán que atender a los hijos y compartir las tareas domésticas.

 En los próximos años la diferencia la marcarán las organizaciones que sepan implementar y se esfuercen en llevar a la práctica esta nueva cultura que atraerá y retendrá el talento en las empresas e instituciones. La competencia por sexo se ha terminado y en el futuro lo será por habilidades. Y Barcelona tambien será pionera en ese campo.

 Jordi Roig