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El pasado primero de abril la alcaldesa Ada Colau, junto al regidor del distrito de Sant Martí, David Escudé, inauguraron la nueva calle de la Verneda i la Pau en la que se rinde homenaje mediante una placa a José Garrido Gámez, el bombero que perdió la vida allí mismo en febrero del 2010, mientras prestaba servicio.

La vía se ubica entre el camino de la Verneda y la calle de Ca n’Olivia, en el extremo norte de la rambla de Gipúscoa, y la iniciativa fue propuesta por el propio cuerpo de Bombers de Barcelona para rememorar a su compañero José, el cual falleció mientras realizaba una operación de rescate a un niño que trataba de recuperar una pelota de un solar.

El proyecto fue aprobado justo un año después del trágico accidente, durante 2011, aunque no ha sido hasta este año en el que el Consell de Districte de Sant Martí ha inaugurado la nueva calle que se le ha podido rendir cuentas a Garrido Gámez y al cuerpo de bomberos.

El teniente de la alcaldía de Prevenció i Seguretat, Albert Batlle y el jefe de Bombers de Barcelona, Sebastà Massagué también participaron en la ceremonia. Incluso la hermana del conmemorado, Imma, compareció junto a los antiguos colegas de José en el rescate que le costó la vida.

En el momento en el que se descubrió la placa se guardó un minuto de silencio, iniciado con las luces de los diferentes vehículos de bomberos que allí colocaron, y acabó con un toque de sirenas. También se colocaron flores al pie de la pared de la insignia al son de una melodía interpretada por una gaita.

Pero, ¿qué fue exactamente lo que pasó aquel 26 de febrero de 2010, y de qué manera perdió el bombero la vida?

Aquel día, Juan José y sus amigos estaban jugando con una pelota cuando esta se les cayó en un solar cualquiera, sin letreros ni señales de advertencia. Juanjo no lo pensó dos veces y fue a buscar una escalera para alcanzar el agujero dónde había caído el balón. Pero al entrar el material metálico de los peldaños en contacto con el transformador que allí había, en el descampado, sin ninguna indicación de peligro o precaución, 25.000 voltios atravesaron el cuerpo del niño de 12 años. La descarga comenzó en las manos y salió por los pies, calcinándole las extremidades y dejándolo tendido en el suelo. Uno de sus amigos salió corriendo en busca del abuelo de Juanjo, quien avisó rápidamente a los bomberos.

Fue en ese momento en el que el sargento José Garrido Gámez tomó la decisión de rescatar él mismo al niño. Como el solar no constaba en el mapa de lugares peligrosos por electricidad, el bombero no tomó precauciones y no se cambió de calzado; llevaba botas de punta metálica.

La ausencia de la pertinente señalización e identificación de la instalación que antiguamente albergó la planta de Cobega -embotelladora de Coca-Cola-, le costó la vida al bombero José Garrido Gámez, y las cuatro extremidades al niño Juanjo.

El 27 de febrero, un día después, se colocaron letreros de seguridad en la superficie. Pero ya era demasiado tarde. De nuevo, la irresponsabilidad de unos se llevó la vida de otros.

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