Es curioso observar que 2020 años de la era de Cristo todavía nos tienen encasillados en calificaciones
como empresarios y trabajadores, generando distancias y enfrentamientos que obedecen
exclusivamente a intereses materiales. Incapaces de reconocer nuestro propósito y nuestra misión vital:
la de compartir y servir desde nuestro Ser.

Es curioso, -por decirlo de alguna manera, el poder comprobar cómo todavía no hemos sido capaces de
reconocernos como seres humanos, como seres con responsabilidades sociales, emocionales y
ecológicas.

Es curioso comprobar como las diferencias en materia de aptitudes y capacidades nos hacen mezquinos,
arrogantes y clasistas y que todavía no hayamos aprendido que nuestra misión en este mundo y en esta
“corta” vida no es la de vivir en la opulencia y el hedonismo, sino la deservir a los demás desde el amor a
nuestro Ser.

Es sorprendente cómo somos capaces de encasillar, catalogar y calificar cualquier idea con fondo
humanista, en tendencia socio política o como filosofía (ergo utopía)con el fin de deslegitimarla o
restarle poder.

Es increíble cómo no hemos sido capaces de aunar conocimientos, ideas, principios y filosofías para
crear un nuevo orden que nos permita actuar desde la bondad, desde la compasión y, sobre todo, desde
la justicia…que no deja de ser amor.

Es alucinante cómo en plena era de la comunicación, la tecnología y la globalización permitamos el
esclavismo, la xenofobia, la explotación de las adicciones, la misoginia, la misandria, el abuso infantil, el
abuso animal, el hambre en el mundo y la contaminación ambiental.

Es una vergüenza que hoy en día seamos capaces de mirar hacia otro lado cuando vemos el sufrimiento
ajeno.

Es patético que el miedo nos colapse, nos desespere y nos haga actuar nuestra peor versión. Hasta la
naturaleza tiene más dignidad que nosotros, pues cuando una planta considera que no aporta valor
entra en proceso de apoptosis mientras que nosotros sufrimos de necrosis.
Tememos a la muerte, cuando a lo que deberíamos temer es a una vida sin sentido, sin valores y sin
amor.

Queremos luchar contra un virus “invisible” al ser humano, desde la especulación, la rabia y la
desesperación, olvidando que no es un enemigo externo, sino una respuesta de nuestro interior la que
nos ha enfrentado a esta situación. Podremos inventar vacunas, tratamientos y mil y unas soluciones,
pero las enfermedades no son enemigos, son maestros… y si las acallamos sin aprender, regresan con
nuevas enseñanzas, con distintas apariencias.

Así pues, no desesperemos bajo el manto del pánico del holocausto viral y aprendamos lo que nos
quiere enseñar. Construyamos una sociedad desde el sentido común, desde la igualdad, desde la
equidad, desde la bondad. Con contundencia y con justicia, porque no se trata de ser bobos, sino de
ser intrépidos y valientes desde la bondad.

Si sabemos poner en valor el campo de la educación, de la salud y de la justicia, habremos encontrado la
clave para crear un mundo más justo, más sostenible y deseable.

Desde la plataforma ética de BarcelonaEtsTu vamos a darlo todo para que esta visión se convierta en
realidad.

Lavarte las manos aquí no es sinónimo de higiene, es signo de tibieza y falta de determinación. Poncio
Pilatos así lo evidenció.

Comisión Ética