Confinamiento, pandemia, ERTE … son conceptos que hasta hace unos días casi todos
desconocíamos casi por completo, ahora, con más o menos rigor, todos sabemos qué significan e
incluso hay muchos que se auto-califican como expertos en mutaciones de virus y en especialistas
en qué se tiene que hacer en todo momento.

Muchos medios de comunicación se han empeñado en retransmitir minuto a minuto los ingresos en
la UCI’s y relatar uno a uno los fallecidos, otros se dedican a entretenernos con frivolidades, quizás
en esta ocasión no esté mal de todo que podamos distraer la mente con algunas tonterías.
No sé qué sería de nosotros si de cada una de las terribles enfermedades que nos rodean nos
estuvieran narrando cada cinco minutos los muertos que generan.

Y como nos está sucediendo ya con cualquier tema sea importante o no, tenemos a todas horas y por
todos los medios las “fake news”, bonito nombre para blanquear las vulgares mentiras de toda la
vida, falsedades creadas con intención, que pretenden desestabilizar la sociedad y que algunas
tendencias políticas dominan perfectamente.

Parece fácil determinar y opinar hoy de lo que se tenía que haber hecho hace un mes, pero tiene
cierto componente de trampa, como todos sabemos sobre el papel todo cuadra, pero la aplicación de
las teorías siempre es algo más complicada. Todos queremos soluciones sencillas y sin
consecuencias negativas para problemas muy complejos.

Nuestro país (el que queramos definir como nuestro) tiene unas curvas demográficas que indican
claramente que es un país envejecido, pero esto no es noticia, cualquiera con la habilidad de sumar
y restar es capaz de ver que ya hace muchos años que la natalidad está en niveles mínimos, la
sociedad nos ha llevado a esto sin remedio.

Ahora vemos que muchas residencias para personas mayores no estaban preparadas para una
emergencia de este nivel, de hecho de ningún nivel, aunque sí que sabían cobrar recibos enormes a
familias que se arruinaban para dar a sus ancianos un buen lugar donde estuvieran cuidados los
últimos años de sus vidas.

También mucha gente observa sorprendida que en Barcelona hay casi 100.000 personas mayores
que viven solas y ahora mismo lo están pasando muy mal, además de estar solas, ahora tienen
miedo. Ya hace mucho tiempo que las estadísticas revelaban esa inquietante realidad.
Los Servicios Sociales están infradotados de personal y medios; en demasiadas ocasiones las
residencias tienen el personal mínimo marcado por la ley, con el objetivo de garantizar el máximo
beneficio.

Estamos metidos en una terrible guerra. En la trinchera están los médicos, enfermeros y enfermeras,
auxiliares, policías, servicios de limpieza, trabajadores de supermercados, transportistas y un largo
etcétera de gente que lo está dando todo. Y tenemos la segunda trinchera con gente valiente que está
trabajando desde casa y otros que se han visto obligados a dejar de trabajar. Y en casa también,
millones de niños y jóvenes que ahora llaman transmisores del virus, como si tuvieran culpa de
algo. Todos y cada uno de nosotros y y no solo ahora mismo, si no en un futuro próximo, vamos a
tener que cuidarnos al máximo ya que seguro que esta va a ser una experiencia que nos marcará
profundamente.

Conceptos como ciencia, sanidad y educación han de dejar de ser armas políticas y pasar a ser
prioridades de cualquiera que se pretenda erigir como representante de los ciudadanos. Hoy
esperamos que la ciencia y los médicos nos saquen de ésta, pero hasta hace dos días no eran
prioritarios para casi nadie.

Lo más sencillo sería decir que todo va a salir bien, pero el futuro es oscuro y se necesitarán grandes
liderazgos y muchas dosis de empatía entre unos y otros. Es un hecho que o pensamos en el bien
común o no saldremos adelante.

Albert Pérez